No soy una niña.
No puedes esperar que siga siendo la niña que fui, aquella que viste por primera vez.
No soy ese duende.
¿Creer en la magia cuando la magia deja de encantar mi vida? No creo que sea posible.
No soy luchadora.
Después de agotar las reservas, las fuerzas para luchar no existen.
No soy tu camino.
No puedo creer que te guío cuando no sé a dónde me dirijo yo.
No soy buena amante,
ni soy buena esposa.
Esto lo sabemos los dos, de sobra.
No soy una flor,
ni un trozo de pan.
No soy hermosa, apenas tierna. Quizás un poco fresca y con “ma-ta-la uva”.
Sólo soy esa cara de idiota
Idiota, sin más.
Idiota por tener que recordar la última vez
que te pedí tu amor.
Y también cuando lo perdí. ESTO más que nada.
Idiota por colgar tus besos con un marco rojo
por si ya no vuelvo a verlos más.
Me gusta hacer todo de forma especial, por si no lo vuelvo a tener jamás.
Idiota por perderme por si acaso te marchabas ya,
y tirar tu confianza desde mi cama hasta esa ventana.
Por dejarte por miedo a que me dejes. Por desconfiar por miedo a que desconfiaras.
No ves qué fácil ha sido para mí
perderlo todo en un momento.
Ya ves, incluso hasta parecía feliz así. Que fácil es fingir.
Por mi miedo a perder,
por mi miedo a no controlar tu vuelo.
No quiero depender de ti, no quiero que dejes de depender de mí.
Solo soy esa cara de idiota.